La preocupación del Papa León XIV en su última Encíclica: que el desarrollo tecnológico no nos haga perder nuestra humanidad. 

A 135 años de Rerum novarum, el Papa León XIV nos convoca a un profundo discernimiento ético a través de su nueva Carta Encíclica Magnifica humanitas, firmada el 15 de mayo y que salió a la luz la semana pasada. Este texto aborda con lucidez el impacto que la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías digitales tienen sobre la dignidad humana, alertándonos sobre el peligro de la deshumanización en aras de la mera eficiencia productiva.

Para iluminar este escenario, el Papa nos propone contrastar dos figuras bíblicas: la Torre de Babel, que encarna el orgullo individualista que incomunica y dispersa; y la reconstrucción de Jerusalén por Nehemías, que encarna el trabajo compartido, la corresponsabilidad y la comunión en el Señor. Desde allí, el documento nos invita a garantizar que todo progreso técnico permanezca al servicio del ser humano.

Como Familia Sopeña, este texto nos toca profundamente. Los desafíos de la actual era digital actualizan la mirada profética de Dolores Sopeña, quien en los inicios del siglo XX abrazó la realidad de la Revolución Industrial, saliendo al encuentro de los trabajadores y familias que quedaban al margen del progreso.

Hoy, en la Cuarta Revolución Industrial, la exclusión y el control adoptan formas más sutiles: algoritmos, patentes, control de datos y plataformas. Por ello, la responsabilidad social debe extenderse al «ecosistema digital». Este espacio, al igual que la creación natural, debe ser protegido y compartido, evitando monopolios y exigiendo transparencia.

Frente a propuestas deshumanizantes como el transhumanismo, la Encíclica nos recuerda que nuestra verdadera grandeza está en aceptar nuestra finitud y en nuestra capacidad de amar, en palabras de Dolores, hoy más que nunca debemos “dignificar más y más al trabajador y a la trabajadora”. 

En conclusión, el Papa León XIV nos insta a pasar de una «cultura del poder» —marcada por la concentración digital y el desarrollo de armas autónomas— a una comprometida «civilización del amor», construida desde la justicia global y la solidaridad activa.